sábado, 6 de febrero de 2010

Entrevista a Loïc Díaz Ronda, comisario de Las afinidades Vigo


1. ¿Qué ofrece el ciclo "Las Afinidades Vigo"?

Las Afinidades Vigo está planteado como una muestra retrospectiva del cine francés de no ficción realizado durante la última década, que mezcla películas de distintos orígenes, formatos y estéticas. Todas ellas tienen como horizonte común el espíritu inconforme, corrosivo y experimental de Vigo. El ciclo está compuesto por obras documentales, piezas de artistas contemporáneos, películas experimentales, diarios filmados, ficciones documentadas o travelogs. Las sesiones están diseñadas según temas «vigolianos» como la rebelión juvenil, la excentricidad o el viaje... Las obras incluidas mantienen así, a través del tiempo, un diálogo con la figura seminal de Vigo. El ciclo actúa como un juego de ecos y reflejos en torno a ciertas obsesiones o maneras de entender el mundo y de hacer cine.

2. ¿En qué consiste su primera sesión, "Experimental Club Vigo" y cuál ha sido el criterio de selección de las películas que lo conforman? ¿Podría resumir en una línea qué le sugiere cada uno de los títulos de esta sesión?

Experimental Club Vigo es una sesión que resitúa A propósito de Niza en las coordenadas artísticas y culturales de la vanguardia cinematográfica francesa y europea de la segunda mitad de los años 20 y principios de los 30. Agrupa obras afines a la opera prima del director, realizadas por contemporáneos, amigos y habituales colaboradores de Vigo. Para mí, era fundamental ir a contracorriente de cierta visión romántica de la historiografía clásica, que considera al cineasta como un astro solitario, un caso excepcional en la historia del cine francés. Gracias a sus actividades de director y de cine-clubista, Vigo conocía y se relacionaba con las principales corrientes del cine experimental de su época. Cada título de la sesión permite así prolongar un aspecto de su obra en las distintas corrientes fílmicas de la época: la mezcla de humanismo y crítica social en Montparnasse o Jardin du Luxembourg, el intéres por el montaje y los efectos visuales en Histoire du soldat inconnu o Disque 957, el retrato de la vida popular con los recursos de la fotografía modernista en Marseille Vieux-Port o Les Halles de Paris, la vinculación con el surrealismo en L’hippocampe. Había otras obras interesantes como Fleurs meurties (1929, Roger Livet), que al final no pudieron incorporarse al pograma por razones legales. La selección final de piezas se hizo en colaboración con Luce Vigo, hija del director y crítica de cine, especialista de la obra de su padre y de la historia del cine francés.

3. ¿Cuál es la huella de Vigo en el cine francés de no ficción actual?

Básicamente se puede decir que Jean Vigo sigue siendo un mito del cine francés y del cine en general, admirado casi unánimemente desde posiciones muy variadas e incluso opuestas. A casi ochenta años de su muerte, sigue siendo citado como una influencia directa por algunos artistas o cineastas. Determinados trabajos contemporáneos incluso hacen gala de rasgos estilísticos próximos al famoso «punto de vista documentado», teorizado y puesto en práctica por el cineasta en sus películas. Sin embargo, las formas cinematográficas y la sociedad han cambiado tanto desde entonces que en Francia ya no se hace un cine a la Vigo. Más profundamente, diría que Vigo sigue siendo un emblema. Encarna un linaje filosófico y estético que atraviesa la cultura francesa de la modernidad hasta el día de hoy, que parte del anarquismo decimonónico, pasa por el surrealismo, las luchas sociales de los años 1930, el realismo poético y se prolonga después en movimientos como el letrismo, el espíritu del mayo 68, la revista Hara-Kiri o determinados sectores del punk y del cine experimental. Para mí, y también para algunos de los creadores incluidos en este ciclo, Vigo representa un etos y una ética, es decir: una forma rebelde, arriesgada y comprometida, pero llena de comicidad, de entender la vida, desde las relaciones sociales al erotismo.

4. ¿En qué radica la excepcionalidad de la obra de Jean Vigo?

Es una cuestión complicada, de la que se podría hablar durante horas. La primera cosa que se me ocurre es que Vigo lo tenía todo para convertirse en una leyenda. Era guapo, divertido e inteligente. Vivía tiempos acelerados e interesantísimos. Su padre, el periodista anarquista Miguel Almareyda, fue una figura histórica muy polémica, turbia y cautivante. Vigo fue rebelde. Hizo un puñado de películas emblemáticas que tuvieron todo tipo de problemas con la censura y fueron durante un tiempo invisibles. Murió de enfermedad a los 29 años sin que se supiera nunca cuántas obras maestras más hubiera podido crear ni hacia qué territorios creativos se hubiera deslizado su cine. Jean Vigo es además un cineasta clave porque realizó, en sus pocos pero muy intensos años de actividad, una serie de transiciones fundamentales para el séptimo arte,que se adelantan al cine «moderno» de la segunda mitad del siglo XX. Pasaje del cine mudo al sonoro, de la condición de cineasta independiente al cine de encargo détourné, de la vanguardia al compromiso político, del decorado a los escenarios naturales, del guión a la improvisación, de los tópicos melodramáticos a la complejidad psicológica, etc. Como lo ha apuntado el crítico Miguel Marías, Vigo es el primer cineasta que tiende un puente sólido entre las dos grandes tendencias, generalmente separadas del cine: la de ficción y la documental. Y finalmente, están las obras mismas: cuatro películas que conservan intacta su fuerza expresiva, su radicalidad política y su frescura emocional a pesar del tiempo. Hay algo misterioso en ello. Henri Langlois hablaba de alquimia para describir los logros de Vigo en cuanto a la fusión de la imagen y del sonido. De hecho, en cada plano de su obra se advierte una intensidad asombrosa. No sé quién dijo también que Vigo rodaba cada plano como si fuera el primero y el último.

5. Setenta años después, ¿qué nueva lectura hace el cine contemporáneo sobre el legado de Vigo?

Primero diría que, a nivel temático o filosófico, una serie de películas contemporáneas retoman las cosas donde Vigo u otros, como Pasolini, las han dejado. Por ejemplo, Genariello due volte de Elise Florenty, que filma la ocupación de un instituto por unos alumnos napolitanos en huelga, labra el camino abierto por Zero en conducta, buscando una plasmación visual justa, una forma cinematográfica experimental adecuada a la expresión de la rebelión juvenil. Creamy Krimi de Isabelle Prim, un ensayo «turístico» rodado en Berlín, indaga en el infierno social urbano, gracias al montaje dinámico y a asociaciones visuales que se aproximan, en gran medida, a los recursos fílmicos y al discurso crítico desarrollados en A próposito de Niza. El personaje de Ania en Retorno a Kotelnitch de Emmanuel Carrère es la hermana menor de la Julieta de L’Atalante y el Katerine de Peau de cochon un descendiente directo del excéntrico Père Jules, intrepretado por Michel Simon en el mismo filme. La soledad del deportista y el cine como vínculo y forma de romper el cerco son problemáticas centrales tanto en Taris como en Substitute de Fred Poulet. De un modo general, el cine contemporáneo sigue trabajando temáticas que ya eran las del cine de Buñuel o de Vigo, como la relación entre la muerte y el erotismo, la burla del poder y de los pudientes o el anhelo de emancipación. Lo que cambian son los recursos, la tecnología y la libertad de tratar de forma más explícita, aunque no por ello más acertada, determinados temas. En el fondo, es la misma historia pero por cauces distintos. Creo que el cine contemporáneo de no ficción no revoluciona, sino que profundiza o renueva algunos planteamientos surgidos dentro del cine de vanguardia de principios del siglo XX y dentro del cine del propio Vigo. André Bazin decía que el advenimiento de las teorías del cine-ojo, que tanto influenciaron a Vigo, era supeditado a la invención de una cámara equiparable al ojo humano. Casi se ha logrado hoy con las nuevas cámaras digitales miniaturizadas y me gusta pensar en lo que Vigo hubiera hecho con estas nuevas posibilidades.

Noemi Cuetos