miércoles, 10 de febrero de 2010

RIP in pieces America

Se trata de un documental confeccionado a modo de patchwork, con telas seleccionadas a partir de la prohibición de las mismas. D. Gagnon guardaba grabaciones que se encontraban en Internet a la par que las empresas de alojamiento de vídeos los iban censurando por su contenido. A decir verdad, la colección no es muy extensa pero todos tienen un tema en común, al que apela el título de la obra.

No hay un orden lógico en la unión de los distintos fragmentos, lo que puede crear al principio cierta confusión. Sin embargo, poco a poco el espectador va ordenando en su cabeza las piezas del puzzle, con el consiguiente peligro de entrar en el juego de esta paranoia colectiva. Y utilizo esta palabra, un tanto brusca, porque es curioso observar la forma en que actúan esos individuos, unidos por el sentimiento latente de que algo va mal. No obstante, utilizan las mismas armas que usa el Gobierno para contraatacar, lo cual no deja de resultar paradójico.


Es cuasi universal la impresión de que estamos ante un sistema corrupto. Las personas que aparecen en el vídeo lo repiten constantemente apelando en todo momento al espectador. Y a pesar de que en algunos momentos aconsejan medidas preventivas (¡arroz, armas, arroz, armas!), se insertan casi siempre en medio de un discurso agresivo. Pero hay que reconocer que los alegatos se lanzan de las más diversas formas, lo cual lo hace dinámico y divertido: con máscaras de héroes, gafas de sol, sombreros vaqueros y otros tantos complementos esperpénticos y que protegen la intimidad.

¿Y qué piensa el autor de todo esto? Se podría entender que refuerza su opinión con las canciones intercaladas entre los vídeos, con cierta ironía, más allá de la selección de los vídeos.

Un documental curioso, de dudosa calidad estética, perfecto para replantearse en momento histórico en el que vivimos. Preguntarse acerca del nuevo orden mundial, de la fuerza de los medios y del poder de Internet para transmitir ideas. Y tener la esperanza de que, lo que no consiga la red, todavía lo pueden conseguir festivales como este.

María Iserte Alfaro