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lunes, 8 de febrero de 2010

Dia Noche



Marcos Miján vive en China desde 2005, donde trabaja para los medios. Aunque no parece demasiado contento con esos quehaceres. Con esta película, busca mostrar la realidad de ese país con un enfoque que se aparte de lo que vemos normalmente en los telediarios. Esto lo ha conseguido.

Dada su situación, decidió que el punto de vista más sincero era el de los extranjeros. A través de sus conversaciones, intenta captar esa China desconocida: para nosotros y, aunque suene paradójico, para él mismo.

Cuando el espectador avanza en el visionado, se da cuenta de que Miján no deja “respirar” a las imágenes. La paciencia que, según asegura, tuvo para filmar todo lo que ocurre no se refleja en el filme. No da tregua a la contemplación: todo se sucede con gran dinamismo, lo que choca con el concepto que tenemos en occidente sobre los países asiáticos.

El encadenamiento de imágenes es interesante, los encuadres están cuidados, todas las historias tienen un conflicto claro. En general es una película correcta. Pero no logra emocionar… ¿por qué?

Tiene un conflicto inicial que no se explota ni desarrolla, además de centrar el relato en varios personajes sin una direccionalidad clara. El director se excusa diciendo que hay cierta intencionalidad en ese retrato reconstruido, porque refleja su propia incomprensión sobre el país.

Por otra parte, somos algunos los que hemos percibido cierta puesta en escena; sin embargo, Miján asegura que no hay guión. Será cierto, sí, aunque como bien se suele decir “no sólo tiene que ser verdad, sino parecerlo”. Y este no es el caso.

Parecería que se terminó la realización de la película por algún tipo de presión externa: como ya he dicho, los conflictos sembrados no se explotan y da la sensación de no haber dicho nada. Como si fuese una suerte de fotografía agradable en el momento de visionado, pero que se olvida pronto.
Sinceramente, tampoco estoy orgullosa de esta entrada de blog. Como bien dijo Rilke: “Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas.” Pero el estilo encorsetado de “DiaNoche” ha dado lugar a eso mismo: una entrada-crítica encorsetada.

María Iserte Alfaro

jueves, 21 de febrero de 2008

Tras las fachadas


Under Construction, Alguna tristeza e Ilya + Marusya.


Al grano, que diría el filósofo:

Under Construction es un juguete interesante. La cámara vuela cual pájaro urbano entre edificios en 2D, sorteando formas similares a aquellos libros infantiles que, al abrirlos, descubrían castillos, fortalezas y calles de papel. De repente, el objetivo elige una ventana al azar y, tras colarse furtivamente, filma la desolación de los vecinos ocultos tras las fachadas.  

Alguna tristeza tiene la frescura del cine documental ágil, intuitivo, indomesticado. Las imágenes fluyen al son del pensamiento de su creador. La cinta evidencia que la pluma ya no es el único instrumento del poeta, que se pueden pergeñar bellos versos pulsando el REC.
La dulce voz en off me recuerda, por cierto, que aunque España enseñara a hablar a los latinoamericanos, ellos nos enseñan cómo hacer música con las palabras. Qué chévere.

Respeto la noble intención de Ilya + Marusya, pero mi retina no aguanta ese torrente de nostalgia epistolar. Lo siento, me ha aburrido. Merezco ir a un Gulag, ¿no?

Yago González

miércoles, 20 de febrero de 2008

Bingai

La aldea de Guilin (China) está destinada a desaparecer. Cuando se concluya la construcción de la presa de las Tres Gargantas, situada a 175 metros por encima de su nivel, toda la localidad quedará sumergida en el fango.
Durante seis años, el Gobierno, "ayuda" a los vecinos de la localidad a trasladarse y abandonar sus hogares. Pero hay una excepción. Subsistiendo en condiciones de extrema miseria, una madre coraje de la que dependen su marido "incapacitado" y sus tres hijos, se niega a aceptar el mismo destino.
El documental muestra y denuncia la cara menos conocida y más triste de China. La realidad de las zonas rurales, donde reina el sacrificio y arduo trabajo de sol a sol a cambio de unas mínimas condiciones de subsistencia.
Los sueños son la única forma de evasión que le queda a una mujer que acepta con resignación y asombrosa tenacidad la realidad tan dura que le ha tocado vivir.
Bingai trata un tema interesante y poco explotado, pero 114 minutos de denuncia pueden terminar por saturar al espectador.


Gorka.

martes, 19 de febrero de 2008

Nijuman no Borei (200.000 phantoms) / El sastre / Must read after my death

6 de agosto de 1945. 8.14 a. m. “Little Boy”, la primera bomba atómica, cae sobre Hiroshima arrasando literalmente la ciudad. Miles de personas mueren al instante. A sólo 150 metros del lugar de la explosión, una estructura resiste en pie rodeada de escombros. Es el edificio A-bomb.

Jean Gabriel Périot centra su cortometraje, Ninjuman no Borei (200.000 fantasmas) , en este edificio. A través de fotografías, reconstruye la historia y los acontecimientos sucedidos en los años posteriores alrededor del A-bomb.
Aquel fatídico día, una edificación se mantuvo en pie. Durante la reconstrucción, mientras la ciudad se alzaba de nuevo a su alrededor, fue la única que se preservó exactamente como se encontraba después del bombardeo. Un símbolo que mantenga vivo aquel suceso en la memoria de la humanidad.

Mohamed es paquistaní y trabaja en una minúscula sastrería en Barcelona. Pese a pasar la mayor parte del día en un lugar tan angosto, su vida diaria esta llena de conflictos: la falta de comunicación con los clientes, las discusiones con su ayudante, las dificultades del negocio... y Óscar Pérez está allí, cámara al hombro, a dos palmos de Mohamed, para dejar constancia de todos los sucesos.

El carácter de Mohamed, las diferencias culturales y los conflictos con su ayudante crean un caldo de cultivo que genera un cortometraje simple en apariencia pero con un gran trasfondo. Lo cotidiano se vuelve excepcional.

"¿Quién es el de la cámara? Cuidado, podría ser de la policía secreta".

Risas aseguradas en la sala.

Risas que se apagan una vez que empieza el largometraje de Morgan Dews. Alice, madre de tres hijos, deja una serie de documentos con una nota al morir: "leer tras mi muerte". 50 horas de grabaciones de voz, 201 películas caseras y 300 páginas escritas que se resumen en 72 minutos en Must read after my death.

Un ambiente familiar en apariencia normal pero no el más adecuado para educar a tres niños, infidelidades, el ingreso de un hijo enfermo, los problemas con la bebida y una muerte no muy clara. A través de imágenes caseras de archivo y las grabaciones originales de voz, los secretos más íntimos de la propia familia de Morgan Dews quedan amargamente al desnudo. Sacar a la luz los trapos sucios de tu familia puede ser discutible, hacerlo como Dews, es hacer un documental sumamente interesante.

"Madre, ¿qué ha pasado? Éramos una familia tan feliz..."



Gorka.


Los tres documentales se proyectarán mañana, miércoles 20 de febrero, a las 19.30 en Civican.

La puta calle


Bad Blue Boys y Welcome Europa.

Ya echaba yo de menos el documental social en el Festival (y perdón por la rima). Sin menoscabo hacia las piruetas bizarras, creo que el espectador se revuelve menos en el asiento cuanto mayor sea el vínculo entre lo que se muestra en la sala oscura y la realidad que aguarda a la salida. Porque, puestos a fantasear, mejor acudir a Star Wars o al producto nacional. 
     
   La cosa empieza con Bad Blue Boys, que guarda cierta similitud temática con la mejor película hasta la fecha. Un antiguo hincha del Dinamo de Zagreb, equipo de fútbol de la ciudad croata, sobrelleva como puede su vida cotidiana. Las borracheras de violencia y caos del pasado han dejado una sempiterna resaca en su alma con diagnóstico psiquiátrico. El director oculta el rostro del protagonista pero trasmite con acierto su tormento vital. ¿La clave? El silencio, el silencio, el silencio. Y, de vez en cuando, como arañazos de furia, algún rasgueo de rock and roll. No obstante, se echan en falta algunos minutos de más que acaben de redondear y matizar la historia. El final es abrupto, desconcertante. Tal vez sea esa su intención. Yo me quedo con hambre. Pero el aperitivo estaba bueno.   

Nota: Sentado a mi lado, el cineasta y miembro del jurado Ross McElwee (un híbrido de Geoffrey Rush, Spielberg y Rubalcaba) toma notas en su libreta sin despegar los ojos de la pantalla. Qué tío. Pero, aaaaamigo...  tampoco se libra de las pugnas contra Morfeo. Cosas del jet-lag, I suppose.

No hay mejor chute de conciencia que el mostrado a cara descubierta. Sin filtros, tapujos ni barnices happy-hippies. Si parte del cine documental es un buen escaparate de injusticias sociales, Welcome Europa es El Corte Inglés. Durante hora y media, vemos a inmigrantes (marroquíes, turcos, rumanos) que se pasean por la puta calle de ciudades europeas. Buscando dinero, vida, dignidad y hallando soluciones denigrantes: sexo por dinero en lavabos mugrientos, compañía y placer a adultos viciosos, etc. Baretos sórdidos, estaciones de autobuses, puentes convertidos en colmenas humanas, son los únicos paraísos con los que se topan estos rastreadores de la estabilidad. Europa y sus puertas cerradas. A cal y canto.

"España es una puta y al que le fascina, un marica", dice un marroquí vagando por Sevilla.

Por favor, Carlos, Gonzalo, mandad copias de esta peli al barbas y el cejas. Que aprendan. 

Yago González

Bad Blue Boys y Welcome Europa se proyectarán pasado mañana, jueves 21, a las 17.00 en Civican.




lunes, 18 de febrero de 2008

Guerra


Journal nº1 - An artist's impression y A story of people in war and peace. 


Curiosa reflexión la de Hito Steyerl en Journal nº1 - An artist's impression.  Dos dibujantes recrean las imágenes de un noticiario de 1947 perdido en la guerra de Yugoslavia de los noventa. Dos películas se proyectan simultáneamente en la pantalla, vertebradas por el discurso de uno de los artistas y la búsqueda de la cinta desaparecida. Dos miradas sobre una misma realidad: la de la pérdida, material y espiritual, que sucede a todo conflicto armado. Interesante.

A story of people of war and peace es lo mejor que he visto hasta la fecha en el Festival. El periodista Vardan Hovhannisyan se lanza a la búsqueda de un puñado de ex combatientes a quienes filmó en 1988 en el frente de la guerra entre Armenia y Azerbayán. Veinte años después, las muescas del tiempo son tan o más sangrantes que las heridas de batalla. Muchos de los soldados son ahora seres perdidos, incompletos, angustiados por la intangibilidad de un enemigo sin causa ni fusil: la vida misma. Tal y como dice uno de ellos: "En la guerra teníamos un objetivo claro y visible: vencer y volver a casa. Ahora, en tiempos de paz, los problemas abren miles de frentes contra los que no sabes cómo luchar". Si bien Hovhannisyan cae a veces en el lugar común y el trazo grueso a la hora de verbalizar en off las miserias de la contienda ("la guerra cambió nuestras vidas para siempre" y similares), las imágenes golpean con toda su autenticidad y equilibran la balanza.

Puede que esta película sí que vuelva verla algún día. Qué coño puede. Seguro. 


Yago González


Journal nº1 - An artist's impression y A story of people in war and peace se proyectarán mañana, martes 19, a las 19.30 en Civican.


Her dear old house

Lo reconozco. Antes de verlo, creía que el documental sobre una anciana y la casa donde ha vivido durante casi un siglo iba a ser un tostón de cuidado. Nada más lejos de la realidad.

En Her dear old house, Tatsuya Yamamoto graba la vida cotidiana de su abuela Matsu durante un breve período. El tiempo justo para desalojar su vieja casa, a punto de ser derruida, y sacar a la luz los recuerdos a través de objetos que un día fueron olvidados en el fondo de un cajón. Pequeños "tesoros" que representan lo que ha sido su vida y a los que la anciana se aferra negándose a olvidar. Estos objetos y las conversaciones con su hijo son una puerta abierta a la historia: su boda, el nacimiento de su hijo, la guerra de Japón contra Estados Unidos... A sus 90 años, Matsu, es la experiencia personificada.
Rodada con una sinceridad que se echa de menos en muchos otros documentales, no importa que la anciana mire directamente a la cámara con la curiosidad e inocencia de un niño. Así es ella, es real.

"Es mi nieto, me sigue a todas partes. Hace películas".

Entrañable. Digna de ver.

Gorka.


Her dear old house se proyectará el miércoles, 20 de febrero, a las 17.00 en Civican.

domingo, 17 de febrero de 2008

Regreso al kibutz


Scénes de chasse au sanglier (Escenas de la caza del jabalí) y Ocho veintiocho. 


La verdad, por delante. No he entendido el sentido de Scénes de chasse au sanglier (2007), pero mentiría si digo que me ha disgustado. Sea la desconcertante atmósfera que recrea Claudio Pazienza, el arrullo de su sugerente voz en off (el francés es el francés) o su  carga simbólica, el ojo no se despega nunca de la pantalla. Cada plano huele a desafío. "A ver si sabes de lo que estoy hablando", parece decir el director. Y, aunque no llegamos a comprenderlo, el universo de la cinta se nos antoja irresistible. La trama que parece hilar el meollo es la relación del director con su fallecido padre. Puede ser. Al final nos quedamos con una embrujante propuesta entre el surrealismo y la alegoría y con el consuelo de no sentirse estafados pese a su tono críptico. 
Para mentes exigentes y ojos reposados. 
Aficionados a la caza reclamados por el título, absténganse.


Como viene siendo ya costumbre en el Festival, tras los malabarismos de Arte y Ensayo llegan los platos más digeribles. Y, para un servidor, más gozosos. Ocho veintiocho es la historia del retorno al hogar, tema muy recurrido por el cine de ficción. Aquí, la autenticidad documental redobla la ternura y la empatía. El director, Lavi Ben Gal, vuelve a su kibutz cámara en ristre tras diez años de ausencia. Sin revelarse él mismo en pantalla, filma a familiares, vecinos, antiguas profesoras, niños, incluso perros... Piezas clave del puzzle de su existencia. La cinta retrata sin filtros a la comunidad judía y es fiel testigo de la conjunción de tradición religiosa y vida moderna.   
Una película simpática, cercana, agradable y sincera.


Yago González


Scénes de la chasse au sanglier y Ocho veintiocho se proyectarán el martes 19 a las 17.00 en Civican.

Autohystoria

Dicen que caminar es bueno para la circulación. A Raya Martin debe bullirle la sangre por las venas que da gusto.


Autohystoria: 10 planos (¿para qué más?) y 95 minutos para contar un suceso de hace más de cien años.
La noche en Filipinas. Tráfico, ruido, sirenas, policía, gente, policía, más policía... No hay palabras, sobran. Las imágenes hablan por sí solas. Tres espectadores se levantan y abandonan la sala.
La cinta parece que se repite en un bucle sin fin. Una sensación agónica se traslada al espectador. Algunos no lo soportan, se mueven incómodos en la butaca. Dos bajas más.
La Luna. Un bosque. Dos hombres cautivos. Miedo. Una caminata eterna en la oscuridad... Otro que se marcha.
Así no hay manera de ver el documental. Hay que dejarse llevar por las sensaciones que evoca la grabación, aunque no demasiado, si no queremos acabar dando cabezadas contra el apoyabrazos. Termina la proyección.
Dicen por ahí que Raya Martin es un genio... no sé... puede que sea uno de esos genios incomprendidos. Hace una hora y media había once personas más en la sala.

Gorka.


Autohystoria se proyectará el lunes, 18 de febrero, a las 20.30 en Civican.

sábado, 16 de febrero de 2008

52 percent / Pó de estrelas / The existence

Tres en uno:


52 percent no es sólo una cifra. Para los profesores de la Academia de Ballet de San Petersburgo es la proporción perfecta entre la longitud de las piernas y la altura total de una persona. Además, un requisito indispensable para ser admitido en la escuela. Para Alla es mucho más que eso. Es lo que necesita para alcanzar su sueño y llegar a ser bailarina. Ese 52 por ciento dirige la vida de Alla hacia un objetivo, pero no sin pedirle sacrificios y muchas horas de trabajo a cambio. Lo grave es que Alla tiene 11 años.
Sin narrador, y rodado de una forma absolutamente natural, cualquier elemento que se interpone ante la cámara le sirve a Rafal Skalski para crear un nuevo y mejorado plano (¡atentos al gato!).

Una simple cifra basta para tirar a la basura los sueños de una niña. 20 minutos bastan para contarlo.

Pó de estrelas

Silencio en la sala. Las primeras imágenes salpican la pantalla. Son estrellas. Como nunca las hemos visto: encadenados y fundidos de imágenes telescópicas, formas extrañas y colores que rozan la psicodelia. El silencio perdura durante diez minutos más. De pronto, el montaje se acelera. La mente despierta del coma. Una batería de imágenes a velocidad vertiginosa impacta contra las retinas de los espectadores. Los ojos en la oscuridad tratan de captar cada una de las escenas, algo imposible. Aún así, las reconocemos, las hemos visto mil y una veces: chicas "10", coches, perfumes, galletas dietéticas, pañales, cereales con fibra, fármacos adelgazantes... y después, la bomba final. Los ojos de los espectadores se paralizan. Guerra, hambruna, violencia, exterminio, odio, muerte... el Horror. Y otra vez el silencio...
Todo ello, montado y contado con una ironía casi grotesca que hiela la sangre... pero da (mucho) qué pensar.

Garantizado: nadie quedará indiferente ante este experimento en imágenes.


¿Para qué queremos nuestro cuerpo una vez que hayamos muerto?
A sus 80 años de edad, Jerzy Nowak, actor, decide donar su cuerpo a la ciencia. Sus dudas, recelos y sentimientos más íntimos respecto a un tema tan controvertido quedan al desnudo crudamente en este documental, a la espera de que llegue la hora.
Una imagen: Jerzy Nowak caminando lentamente por la clínica a la que donará su cuerpo mientras avalanchas de alumnos con batas blancas le adelantan. "Proyectos" de médico que se cruzan sin inmutarse con el hombre cuyo cadáver puede que diseccionen en un futuro relativamente próximo.

"¿Por qué hacer un documental sobre mi muerte? Por la fama".

Gorka.

Los tres documentales se proyectarán mañana, domingo 17 de febrero, a las 19.30 en Civican.

viernes, 15 de febrero de 2008

El Este también existe


Crown y Tovarisch, I am not dead 

       
Ya que en esto del cine se habla tanto del pacto de lectura, empezaré sellando el mío propio para con los lectores. Un servidor, neófito en la crítica festivalera, bullía anteayer de excitación con el anzuelo del nuevo Indy que se acerca a nuestras pantallas. Dice uno esto para disculpar la ineptitud, ininteligibilidad y cretinismo que en los próximos días hará fehaciente a la hora de valorar documentales de distinto pelaje. Háganse cargo. Como hijo de mi generación, fui criado por la Mtv y Los Goonies y, tal y como su nombre indica, el Festival Punto de Vista exige reestrenar la mirada, sacudirse los prejuicios y entregarse a la curiosidad y la contemplación. Pero acepto el reto. Intentaré, dentro de lo posible, saber valorar lo que las películas quieran ofrecerme y resistir la tentación de consultar el reloj en la sala oscura.
     Mi bautismo de fuego tiene lugar frente a Crown (2007), un cortometraje ruso de 16 minutos realizado por Vyacheslav Prokopenko. La peli, de corte ensayístico, viene a reflexionar sobre la Condición Humana. Así, a pelo. El encadenado de secuencias, a priori inconexas, hablan sobre el viaje de una vida en el océano del mundo. Nacer, crecer, someterse, morir y renacer. Crown muestra a niños durmiendo, a niños convirtiéndose en soldados, a hombres muriendo y a hombres hechos carne de mesa de forense. Algunas escenas, si bien crípticas, conseguir perturbar con sus agresivos claroscuros, sus saturadas texturas y sus drones lynchianos. El resultado es una obra bizarra, experimental, que se pretende angustiosa y existencialista pero se queda en paja mental para el común de los mortales. 
        No obstante, el peaje ruso bien merece la pena. La cinta que le sigue, Tovarisch, I am not dead (2007), es un documental biográfico de 85 minutos sobre la memoria recuperada y el retorno a los puntos negros de la existencia. Garri Urban, judío ucraniano y víctima de los campos de concentración nazis y soviéticos, regresa en 1992 a Moscú, donde fue brutalmente torturado por la KGB. Su hijo Stuart, aficionado al cine desde crío, recoge el viaje en una especie de vídeo-diario. Garri ríe, llora, discute con su hijo cineasta, perdona (que no olvida) a sus verdugos, se reencuentra con un viejo amor y, en una de las escenas más emotivas del film, retorna al hogar de su madre. Tovarisch es a la vez una película doméstica, una historia familiar, un documento histórico, un trabajo de investigación y un perfil de Garri Urban que transmite con sobriedad y elegancia su carismática personalidad. El ritmo es ágil, el montaje, certero y la narración, fluida. Imprescindible para todos aquellos interesados en la historia reciente de Europa. Y en las sombras de los seres queridos. Y en la nostalgia. Y en el buen cine.


Yago González


Crown y Tovarisch, I am not dead se proyectarán mañana, sábado 16, a las 19.30 en el Civican.
  

CAMPAIGN



"Buenos días. Soy Yamauchi Kazuhiko, por favor, vótenme".

Cuenta atrás. Quedan pocos días para las elecciones en la ciudad de Kawasaki (Japón). Yamauchi debe conseguir votos desesperadamente para llegar a ser alcalde. Sus armas: un megáfono, infinitos apretones de manos y sobre todo, mucha... mucha perseverancia. Su estrategia: acudir a todos los actos posibles y perseguir a los ciudadanos día y noche, (por la calle, en el metro...), sin descanso. Nada que ver con los despliegues mediáticos a los que estamos acostumbrados en las campañas electorales.
Durante dos horas, Campaign nos sumerge, cámara en mano, en la frenética y en ocasiones absurda carrera de Yamauchi para lograr la alcaldía. Se trata de una elaborada muestra de lo sorprendente y desconocida que puede resultar la vida política nipona a ojos occidentales.

Nota: ¿soportarían nuestros políticos locales una campaña electoral "a la japonesa"?


Gorka.

jueves, 1 de marzo de 2007

The clinic


Me lo permito: el blog lo lee poca gente. Publico esta no-crítica más tarde de lo habitual, aún más, en el día mágico* que siempre debería haber existido (miren el programa, sonrían y callen).

The clinic es un documental polaco.

La gente (¡rusos, rusos!) se va marchando de Pamplona y el ajetreo de la mesa de acreditaciones se convierte en la neblina propia de Los Desayunos de TVE pero sin bollería matinal. La Sala, lugar donde operan los organizadores del festival, funciona a pleno rendimiento, digo yo que ultimando detalles y murmurando algunos "mepillasenmalmomento". Y el resto, pues igual: niños a partir de las cinco de la tarde lamiendo el suelo de la cafetería, jóvenes-y-urbanos navegando dinámicamente por internet y algún viejo preguntando cuándo empieza eso que ha oído de un festival de documentales.

Escribo todo esto de manera fraudulenta, aprovechando la confianza de la organización y suplantando por un momento a quien lleva este blog en realidad. Así que ya me despido del festival y de quienes me habéis leído.
Gracias.

*Aparece en la fecha el 1 de marzo de 2007 porque Blogger no permite desafiar la realidad como lo hace el programa de Punto de Vista. Durante un rato he pensado en poner 29 de febrero de 2008 pero, vaya, no tengo tanta ansia de perpetuidad.


Texto: F.

Collection nº1


Dicen que la infancia es la mejor época de la vida. Pero yo no quería ser un niño.

Mis mejores amigos eran un armario, un viejo conejo gris y un caballito de plástico al que echaba migas de pan. Nunca veía a mi padre y mi abuela me leía libros sobre Lenin. Ese señor me miraba fijamente a los ojos. A lo mejor Lenin era mi padre.

Mirando atrás aparecen el baño de los domingos y los veranos con los Jóvenes Pioneros que nos afeitaban la cabeza. Y las Olimpiadas de 1980. El oso Misha, de repente, echó a volar. ¿Iría a otro país socialista? ¿O quizá a otro planeta? Seré cosmonauta. Y lo buscaré por el espacio.


-Ana-

A Journey of Dmitry Shostakovich


Hay dos modos de hacer música: el primero consiste en componer una melodía, y después se orquesta. El segundo consiste en componer, desde el principio, la orquesta entera. Éste último era el método de Dmitry Shostakovich, que escuchaba en su cabeza la orquestación completa. Algunos no podían entender su arte. Y por ello le castigaron.

“El arte no puede ser apolítico: pertenece a las masas”. “Necesitamos música que pueda entender todo soviético. Por eso tenemos derecho a denunciar la farsa musical de Shostakovich”.
En 1924, mientras el régimen soviético se lleva el piano de Shostakovich, en las calles se oyen gritos: ¡Trabajo!, ¡Pan!, ¡Dinero!
El genio fue marginado, sin embargo, en público se mostró leal al régimen. Cada día escribía cuatro páginas de música patriótica. Detrás de sus gafas redondas, Shostakovich observa cómo sus amigos y parientes van desapareciendo entre cárceles y cementerios de un país excesivo que se desborda.
Shostakovich esperaba su detención y dormía vestido con la maleta preparada. En 1948 se prohíben sus sinfonías nº 6, 8 y 9. “Por fin nuestra música es popular.”
A Shostakovich le esperan Dinamarca, París, Le Havre, Manhattan. “Las estrellas son incontables, el abismo es infinito.”



-Ana-

miércoles, 28 de febrero de 2007

Orange winter


La revolución naranja es como una ópera y como la primera película ucrania de la historia: tiene algo de pasional, festivo y trágico a la vez. Kiev que se convierte en una ciudad con un millón más de habitantes; la periodista que traduce en lenguaje de signos los informativos oficiales dice mediante gestos que lo que está ocurriendo es una vergüenza; o pueblos enteros que toman té y salchichón en la plaza frente al Parlamento. Lo que fue al principio una protesta por el resultado electoral se torna en un sistema de vida, en fiesta y, finalmente, en una segunda vuelta. Yuschenko gana. Diciembre de 2004. Ningún otro invierno fue un Orange winter. A pesar de que se echan en falta historias personales y más cercanía, las secuencias de acción (cargas policiales y enfrentamientos entre los partidarios de Yanukovich y Yuschenko) y la continua presencia de la cámara en la calle consiguen reflejar fielmente lo que ocurrió en Kiev.
¿Imágenes para el recuerdo? Muchas, por ejemplo la de un superior quitando a los antidisturbios, muertos de frío pero serios y firmes en su posición, la nieve de los hombros.


Texto: F.

martes, 27 de febrero de 2007

Bs. As.


Después de ver Wide Awake, cualquier otra película que se pueda definir como “autobiográfica” sabe a poco. Inevitable.
Bs. As. es un documental en forma de epistolario del que se asoma un frío retrato costumbrista de generaciones y épocas unidas por la historia de una familia.
A partir de historias orales y correos electrónicos del propio director con sus familiares lejanos, Alberte Pagán reconstruye, con distintos acentos, su historia personal mezclada con la de dos países: Argentina y España.
Desde antiguas fotografías rescatadas en sepia, hasta planos fijos del Buenos Aires actual. Con el paso generacional, el movimiento llega a la imagen, que se acelera ligeramente hasta dejar paso a un viaje en metro en un vagón de planos secuencia.
Bs. As. es una película austera, personal y artesanal. Alberte Pagán deja ver su independencia frente a cualquier tipo de cine industrializado. Pero, ¿habrá que pagar algún precio estético por ello?



-Ana-

Everything will be fine


“¿Qué habéis hecho hoy para cambiar vuestra vida?”.

En un reformatorio polaco, las chicas internadas intentan enderezar sus vidas.
Llegan las vacaciones de verano y, si hay suerte, tendrán permiso para volver a casa por un tiempo. Pero llamar a la puerta de su propia casa no es tan fácil.
El fracaso pesa en los párpados y el éxito no era tan fácil de encontrar. Micrófono en mano, el educador insiste a las chicas: “Equivocarse forma parte de la condición humana”.
Ellas tienen muy claro que hay que sobrevivir. Aunque resulte doloroso. La culpa empuja la vuelta a casa hacia un terreno incierto. ¿Abrazos o gritos?
Y en la fiesta de fin de curso, una canción a sus madres a cambio de la redención. Perdóname. Esta es mi casa. Por fin he llegado.

“Saldremos adelante. Todo irá bien”.
-Ana-

In case of emergency


Alemania es una potencia nuclear, está claro: cuenta con decenas de cabezas nucleares. Alemania quedó dividida drante casi treinta años, está claro: conserva trampas en carreteras y ferrocarriles, que evitaron el paso de un lado a otro del muro. Alemania se tomó muy en serio la Guerra Fría, está claro: existe toda una red de refugios en las principales ciudades del país, listos para utilizarse In case of emergency; cuenta además con grandes reservas de alimentos.
Está claro que todo eso está claro a los diez minutos de documental. El tema resulta atractivo, pero no se consigue dar ritmo a la película; está claro que lo que toma protagonismo son construcciones muertas, muros de hormigón o una pistola de nueve milímetros.
Lo inerte parece vivo; lo vivo, inerte. Algo no encaja.


Texto: F.

The blood of Yingzhou district


El de la foto es Gao Jun. Y lo que tiene en las manos es una radio portátil que aprieta contra su moflete, sentado a la puerta de su casa. Cuando vivía solo, siempre llevaba ese gorro altamente simpático y el abrigo que le hacía parecer un jefe mafioso bastante hortera. Añadámosle al vestuario su permanente cojera y tenemos la perfecta apariencia de Gao Jun.
El de la foto es Gao Jun. Y lo que tiene en la cara es un gesto serio, nunca una sonrisa; una de las familias que le adoptó durante un tiempo le hizo reír de vez en cuando. Cuando vivía solo, siempre llevaba el cuerpo plagado de llagas y los demás habitantes de la aldea lo rehuían. Añadámosle a la situación su permanente infección de sida y tenemos la perfecta vida de Gao Jun.
The blood of Yingzhou district, ganadora de un Oscar al mejor documental.


Texto: F.